Durante todo el 2007 los alquileres crecieron un 250% más que la inflación, el doble que los alimentos y bebidas y tres veces más que la indumentaria. La realidad es que todos los días se renuevan contratos pactados dos años antes y los propietarios de bienes de renta pretenden aumentos del 100% sobre el contrato anterior e incluyen cláusulas indexatorias prohibidas por la Ley de Emergencia Económica 25.561
Seria lógico, en lo que a términos comerciales se refiere, que cuando un bien aumenta en su producción, sus precios bajan. La realidad en el mercado inmobiliario es mucho mas compleja e históricamente intrincada que lo que suponen los mercados.
Siguiendo con la línea de las ideas planteadas en el tema del “boom de la construcción”, y tomando el desajuste de esta balanza de tres platos; cuando el propietario y el inquilino quedan expuestos sin ningún intermediario, los precios son manejados arbitrariamente llegando a los porcentajes anteriormente mencionados. Es el desafió nuevamente, lograr un balance necesario para asegurar el diálogo y consensuar entre otras cosas, el costo del alquiler, la calidad de lo alquilado y la estabilidad del inquilino en la locación.



En los últimos años se repite a menudo que la cultura arquitectónica ha abandonado el problema de la residencia como una cuestión central, si lo comparamos con la preocupación de la vivienda en los análisis del movimiento moderno, es evidente que nuestra actual situación dista mucho de considerar este tipo de preocupaciones como una cuestión prioritaria. Sin embargo, la habitación humana, especialmente en la gran ciudad, parece seguir siendo el tema cuantitativamente mas importante que compete a la arquitectura y a todos las áreas sociales.
Hay una aparente explicación económica a esta paradójica situación. Por una parte, en los orígenes del proyecto moderno la cuestión de la vivienda fue central porque correspondía a una iniciativa que se consideraba responsabilidad directa de los poderes públicos y, por lo tanto, de la planificación de los recursos y de la eficacia racional de los resultados obtenidos. No olvidemos que, políticamente, el proyecto moderno se sustenta en la convicción de que tienen que existir poderes– estatales, municipales, cooperativos, etc. – capaces de hacer realidad los planes y proyectos de la vivienda racional ofrecida como parte de políticas en las que administraciones – socialistas, comunistas, socialdemócratas, nacionalsocialistas, etc. – asumían partes importantes de la distribución de los recursos.
Ni en la ciudad-capital de la primera revolución industrial el tema de la vivienda constituyo una cuestión central, si no solo algo manejado por filántropos o especuladores, ni en las situaciones postindustriales de los países desarrollados los poderes públicos siguen postulando que la producción y la racionalización de esta cuestión sea una de sus competencias mas incuestionables.
Es en esta incertidumbre del rol que cumple el estado donde la producción de los promotores privados se rige por la ley de la oferta y la demanda. La casa es un bien al que se accede por compra, alquiler o cualquier otro mecanismo económico, dentro de una amplia oferta de localizaciones, topologías, niveles de equipamiento y valores simbólicos.





Es paradójico también que el problema del alquiler y la renta inmobiliaria afecte de igual manera, aunque con diferentes variables, a países desarrollados y no desarrollados por discriminar de alguna manera.
Es en este caso donde se produce la aglomeración de fenómenos como, “el boom de la construcción”, “periferia en disputa”, “nuevas centralidades”, “déficit habitacional”, “fragmentación urbana”, etc.
De esta manera, si el rol regulador del estado es difuso, o si su política con el problema habitacional no es prioritaria; deja indefectiblemente al descubierto a los especuladores. Los alquileres sostienen precios que los inquilinos no pueden cubrir y de esta manera es donde la fragmentación urbana comienza con la polarización del centro hacia las periferias, en busca de unidades habitacionales acordes a los ingresos de la población, por citar un caso.
En oposicion a esto, las transacciones inmobiliarias no cesan ya que el sector al que apuntan los privados lejos esta de los sectores populares.