Las políticas, de corte neoliberal, implementadas durante las últimas tres décadas en nuestro país, provocaron importantes mutaciones en la sociedad. El modelo impulsado desde la última dictadura militar, y reforzado por las reformas estructurales de los años ‘90, se caracterizó por la globalización de la economía, la privatización de amplias esferas de la sociedad, el desmantelamiento de las instituciones, la reformulación del rol del Estado y la reestructuración de las relaciones sociales. Toda esta serie de transformaciones trajeron como correlato el aumento de las desigualdades sociales y la polarización social. Así, esta nueva dinámica de fragmentación fue profundizando una creciente brecha social entre, por un lado, un grupo reducido de “ganadores” que logró adaptarse exitosamente al modelo neoliberal y, por otro, un conglomerado de “perdedores”, quienes sufrieron las mayores consecuencias por los cambios ocurridos en el mercado de trabajo y la regresiva estructura de distribución del ingreso.

Como se era de esperar la brecha social tuvo sus manifestaciones a nivel territorial. De manera tal que, durante las últimas décadas, la fisonomía de la ciudad, así como la distribución social de los espacios se consolidaron como claves analíticas para geo-referenciar los sentidos que operan y regulan lo social en un momento histórico determinado. En este sentido, la Lic. Ana Lucía Cervio, describe la situación actual de las ciudades latinoamericanas “las urbes del capitalismo periférico reivindican para sí paisajes sociales antagónicos y conflictivos que, puestos a merced de las lógicas del mercado, desdibujan las posibilidades ciertas para el ejercicio de los derechos básicos de amplios sectores de la población. Así, al menos durante las últimas tres décadas, las ciudades argentinas absorbieron y evidenciaron en su morfología los impactos de una política claramente orientada a la segregación, desmovilización y aislamiento de los sectores pobres.” (Cervio. “La ciudad como experiencia conflictiva: acciones colectivas de sectores pobres organizados en torno a la problemática habitacional”).
En este marco de notorio aumento de las desigualdades sociales y de procesos de privatización general de la sociedad, la segregación espacial encontró su impulso mayor, presentando fenómenos de polarización socio espacial, tales como “la exclusión urbana” y “la disputa por la periferia”.



Mientras el primer concepto hace referencia a la brecha social en el acceso a la ciudad, caracterizada, por la exclusión que sufren amplios sectores sociales en las ciudades de países en desarrollo en cuanto a la falta de disponibilidad de los servicios urbanos y de condiciones de habitabilidad; de acceso a trabajo formal; y de instancias de representación política y de toma de decisiones. Por el segundo, entendemos los nuevos procesos de disputa que se dan en torno a las áreas periféricas de
la ciudad, tradicionalmente “reservadas” a los grupos sociales de menores ingresos, que en los últimos años adquieren valor para las clases altas, medias-altas que ven en la emergencia de los barrios cerrados, un nuevo estilo de vida que “soluciona” los problemas de seguridad y de convivencia ciudadana que enfrentan los habitantes de las ciudades.



Así es que, en un contexto cada vez más desigual y de mayor diferenciación social, la fragmentación se hizo presente en el mundo urbano, en el cual distintos grupos sociales defienden su propio habitat contra otros: “En medio de la euforia neoliberal, las villas de emergencia y los asentamientos se multiplicaron, para cobijar al cada vez más amplio contingente de excluidos del modelo, al tiempo que comenzaron a levantarse, para sorpresa de muchos, los muros de la ciudad privatizada, prontamente convertida en el refugio de las clases altas, media- altas y sectores medios en ascenso” (Svampa. “Los que ganaron. La vida en los countries y en los barrios privados”, 2001).
De este modo, el proceso histórico de los últimos treinta años puso en escena un patrón de producción de pobreza y desigualdad que impactó negativamente sobre las condiciones de la vida en general y sobre las formas que asume el habitar entre los sectores peor posicionados en la estructura social, en particular. Las reformas estructurales, tuvieron así su aparición en la escena urbana a través de las transformaciones en las políticas de habitat, acceso al suelo urbano y los servicios públicos que nos permiten comprender el desarrollo y consolidación de la desigualdad y segregación socio-espacial existente en nuestras ciudades latinoamericanas actuales.