Una de las empresas constructoras de barrios privados más grandes de la ciudad comenzó a comprar terrenos en la zona rural de Nuevo Alberdi hace ya muchos años. Operando mediante la especulación inmobiliaria de comprar terrenos inundables a bajo costo a “esperas” de que una obra pública convierta esta zona en urbanizable. Mediante un "simple tramite administrativo" del concejo deliberante (con la mayoría absoluta del oficialismo) toda una zona de la ciudad pude cambiar su rotulo de rural a urbana, de la noche a la mañana. De esta manera los capitales privados logran un recupero de plusvalía urbana del 1000%. Mil por ciento, solo con que los concejales levanten la mano. Sorprendente no?

Pero más allá de los “convenios” publico-privados se encuentran los habitantes de Nuevo Alberdi, quienes no se quedaron sentados a esperar que otros decidan su futuro y se conformo la Asamblea Popular Nuevo Alberdi para construir desde abajo una alternativa. A raíz de las actividades y movilizaciones que realizó la Asamblea y las gestiones de su Comisión de Tierra y Vivienda se consiguió empezar a agendar políticamente el tema y esta web es un paso más hacia ese objetivo: “Vivienda digna en terreno propio".












La zona rural se caracteriza, como pocos barrios de la ciudad, por una fuerte presencia
de trabajo genuino. Existen más de 30 hornos de ladrillos, con una cadena productiva que genera empleo para muchísimas familias del barrio. Estas fuentes laborales van desde cortadores, baqueteadores y apiladores hasta pizadores que crían los caballos con los que se trabaja el adobe.
La producción de los hornos varía de acuerdo a su tamaño y a las condiciones climáticas que permitan trabajar sin inconvenientes. La ladrillera más chica produce más de 3 mil ladrillos por mes, y existen hornos que llegan a obtener 10 mil adobes en una sola horneada.
En 2006 se presento un proyecto para que se contemplen los hornos en un posible traslado de las familias de la vera del canal. El legislativo aprobó el proyecto y se realizaron estudios de impacto ambiental que establece una zona donde estos hornos pueden ubicarse.
La magnitud de la producción hace pensar en la presencia de un verdadero polo productivo en la zona. Este fue el calificativo del Sub Secretario de Economía Solidaria, quien tuvo un rol protagónico luego de la inundación reactivando los hornos, y admitió que el Estado desconocía la existencia de este fenómeno.
Además de la confección artesanal de ladrillos, otra labor que abunda en el barrio es la cría de animales. Familias enteras se dedican a esta actividad, criando para la venta cabritos, chanchos, ovejas, etc. También existen varias granjas que cuya producción de por ejemplo huevos, es muy importante. Además algunas familias poseen tropillas de caballos que las alquilan a los horneros para confeccionar los ladrillos.
Por estas razones es que advertimos que si este “silencioso desalojo” continúa, no solo desaparecerá el barrio sino también cientos de familias se quedarán sin empleo, agudizando aún más su condición de excluidos.
Lo que aquí está en juego es si se busca una alternativa definitiva para estos vecinos o si se traslada el problema hacia el futuro, dejando que las familias se desplacen a otro barrio y vivan en peores condiciones de la actuales y además queden desempleados ya que no en cualquier asentamiento pueden realizarse este tipo de actividad productiva que caracteriza al barrio.