Hay que tener en cuenta varios aspectos en la configuración de las condiciones de hábitat, tales como las tendencias de transformación de la estructura social caracterizada por el empobrecimiento creciente y su heterogeneidad a lo largo de los últimos 30 años; la desestructuración de los antiguos mecanismos de políticas públicas en materia habitacional; el estrechamiento de las opciones de acceso al suelo urbano; junto con los procesos de privatización de servicios públicos. Es posible también identificar tendencias de mayor segregación socio-espacial por incremento de disparidades entre la ciudad central y su conurbación.
El déficit habitacional afecta a todo el país, con epicentro en los grandes centros urbanos. El aglomerado del Gran Rosario representa el 39% de la población provincial (2.998.422) y es el principal centro urbano de la provincia. En los últimos años, el cuadro laboral del Gran Rosario muestra un proceso de deterioro que se expresa en crecientes niveles de desempleo, precarización del mismo y un empeoramiento de las condiciones laborales. Aproximadamente un tercio de la población se encuentra en situación de pobreza y/o indigencia.
Dentro de este contexto, también se encuentran los hogares que presentan situaciones de hacinamiento y los asentamientos irregulares (1). Según datos del Censo 2001, en la ciudad de Rosario, 35.950 familias viven en viviendas no adecuadas y sin acceso al mercado formal de tierra por lo que se han convertido en pobladores de las “villas” de la Región Metropolitana.

De acuerdo al estudio “Asentamientos irregulares en Rosario” realizado por la Fundación Banco Municipal y actualizado en 1996, existían a esa fecha en la ciudad 91 asentamientos marginales, con 22.685 familias que comprendían a 113.382 habitantes; estos habitantes representaban entonces algo menos del 13% de la población total y ocupaban un 10% de la superficie urbanizada. Si bien, según los datos oficiales no han aumentado los asentamientos si hay modificaciones en cuanto a la cantidad poblacional afectada. Es por esto que en la ciudad de Rosario alrededor de 200 mil personas viven en asentamientos irregulares, ubicados tanto en la periferia urbana como en la trama urbana consolidada. Mientras tanto, el año pasado se levantaron 170 nuevos edificios, situados mayormente en el micro y macrocentro. Entre las que se cuentan lujosas torres implantadas en las cotizadas zonas de barrio Martin y Parque de España, en la ribera del Paraná, donde se llega a pagar 2.000 dólares el metro cuadrado (2)

Resulta difícil dar cuenta integralmente de las situaciones deficitarias vinculadas al hábitat. Los censos nacionales de población y vivienda permiten trazar un cuadro básico de las situaciones de déficit, en las jurisdicciones de aplicación (país, provincia, departamento o partido). Sin embargo el cálculo estimativo que permiten las fuentes oficiales se centra en indicadores basados en las condiciones físicas de habitabilidad (viviendas deficitarias irrecuperables, viviendas deficitarias recuperables y viviendas buenas) y el hacinamiento (relaciona las características de las viviendas con la composición de los hogares) y no informan sobre otros aspectos que resultan críticos a la hora de pensar políticas orientadas a su solución y que dan cuenta de dimensiones no necesariamente cuantificables del déficit habitacional:

§ Poder identificar y cuantificar de manera integrada las distintas tipologías del hábitat popular urbano: villas de emergencia, asentamientos, ocupaciones de inmuebles, inquilinatos, hoteles pensión, etc. Las condiciones de tenencia y la inestabilidad que se reconocen en cada caso son un componente necesario para conceptuar déficit.

§ La incorporación de la accesibilidad y la conectividad como otro componente, en términos del “efecto de insularización” en los barrios pobres creado por las barreras que produce la privación de los recursos necesarios para participar de la dinámica social; y de la “clausura” que en los barrios privados juega como un elemento deseado en pro de la adquisición de otro tipo de recursos y certezas.

§ La estructura del empleo como condicionante del acceso al hábitat (3)


Por todo esto, es fundamental caracterizar el problema a través de una batería de indicadores que progresivamente permitan aproximarnos a la complejidad del déficit habitacional. Partiendo de la cantidad y tipo de las viviendas deficitarias tal cual se describe generalmente el déficit, se incorporan en principio: la distribución de los hogares según tipo de vivienda; las condiciones de acceso al suelo (situación legal de tenencia- situación irregular de tenencia); la distribución del déficit según quintiles de ingresos.

(1) Herzer, H. Situación del hábitat de los municipios del área metropolitana de Rosario en materia de suelo y vivienda Noviembre 2005, Documentos de proyectos39 CEPAL

(2) Vilas, J. “La paradoja de los ladrillos”, Periódico Acción. Primer quincena de marzo de 2007.

(3) Rodríguez, M. C., Di Virgilio, M.M. y otros. Políticas del hábitat, desigualdad y segregación socioespacial en el área metropolitana de Buenos Aires, AEU-IIGG / FSOC-UBA. Área de Estudios Urbanos Instituto de Investigaciones Gino Germani, 2007